Malas noticias
En el mes de Octubre, The
New York Times International Weekly saca un artículo cuyo título es «El
demonio revive en Europa». Obvio que dice lo que ya todos sabemos y
esperábamos, un antisemitismo creciente a la luz del conflicto árabe-israelí y
motorizado fundamentalmente por gran parte de las comunidades árabes y
musulmanas que han «migrado o invadido» el viejo continente, y que
por su cantidad y rápido crecimiento demográfico han girado «el fiel o el
eje de la balanza» en lo poblacional, cultural, y en lo social y político.
Sorprendentemente, nuestros belicosos primos encuentran en Europa aliados entre
grupos de izquierda (por lo general contrarios a Israel), y también en sectores
no tan marginales de derecha que cegados por el odio antisemita, no dudan en
juntarse con quién sea, a los fines de poder criticar y atacar a Israel
(traducido al vulgo se trata de un antisemitismo maquillado).
Pero las agresiones han
cruzado líneas rojas con gran facilidad, y rápidamente del grito han pasado al
puño, a la piedra, al cuchillo, y también a matar judíos empleando armas de
fuego de alto calibre (caso del museo judío de Bruselas). Hoy por hoy, los
judíos deben caminar con cuidado en muchas ciudades europeas a los fines de no
ser apaleados, y no son pocos los que deciden sacarse la kipá o solideo, para
no ser agredidos por turbas mixtas aunque fundamentalmente árabes que emulan o
nos hacen recordar los tiempos previos al nazismo de Hitler y presagian una
nueva y oscura y amarga vuelta a la Edad Media.
No solo en el viejo
continente
También en América,
considerada históricamente un oasis de libertad y seguridad para muchos de
nuestros hermanos y padres y abuelos que escaparon de las garras del nazismo,
hoy peligra la tranquilidad para casi todas las comunidades hebreas. Los
ejemplos son muchos, comenzando en la Venezuela de Chávez, una marcha pro
palestina concluye en un ataque a una sinagoga. O los dos terribles atentados
en Argentina de la Embajada de Israel y de la AMIA (únicos en su género) y aún
hoy impunes, han impuesto un cambio de dial en el accionar comunitario y han
intentado asestar un golpe mortal a una ya castigada comunidad judía y jaqueada
por una fuerte corriente asimilacionista.
El asentamiento de muchos
árabes y musulmanes venidos de no se donde, y la radicalización de las
entidades argentino-árabes contrarias a Israel y al sionismo incrementan
notoriamente el antisemitismo criollo y local.
También judíos
antisemitas
Como si nuestras
desgracias fueran pocas, la presencia o el aporte de judíos antisemitas a esta
embestida antisionista-antisemita termina por aportar «la frutilla del
postre». Y es por este penoso camino que en el mes agosto y con motivo de
un acto de «solidaridad con el pueblo palestino», el actor Norman
Briski interpreta lo que él denomina un «Rabino Rabioso» que urge a
aplastar el levantamiento palestino en Gaza. Obvio que Rabino Rabioso suena a
«perro rabioso» y queda claro que se aprovecha la ocasión para
insultar a la religión judía aunque se quiera negar o explicar en contrario.
El mundo en llamas
El islamismo radical
(dudo que haya uno moderado), brota con furia en todo el orbe. En África, en
Asia, donde musulmanes de nacimiento o por opción cometen toda clase de
atrocidades, colocando bombas o masacrando hombres, mujeres y niños en el
nombre de una supuesta religión superior. Hoy por hoy, somos testigos de las
decapitaciones, crucifixiones de cristianos en Siria e Irak, y de violaciones
masivas que ejecuta «el Estado Islámico». En Israel, la masacre de
cuatro rabinos en la sinagoga Kehilat Yaakov del barrio Har Nof de Yerushalaim,
y otros acuchillamientos posteriores marcan que esta cruzada del terror
árabe-musulmán y palestino se encuentra en su apogeo.
Y lo último del bloque,
el ataque de un niño judío de solo cuatro años en Nueva Zelanda, marca el regreso
a una oscura edad Media, donde el horror y el salvajismo no conoce de límites.
Choque de civilizaciones.
Reflexión final
Soy de aquellos que
coinciden con lo expuesto por Samuel Huntington como «Choque o shock de
civilizaciones», una teoría acerca de las relaciones internacionales,
expuesta en un artículo publicado en la revista americana Foreign Affairs en
1993, y luego plasmado en un libro en 1996.
En esta reflexión final,
adhiero a que asistimos a un choque entre lo que conocemos sociedad judeo-cristiana
o mundo occidental y el mundo musulmán belicoso e intolerante, y donde el campo
de batalla o el escenario de la contienda traspasan los límites o fronteras de
países y gobiernos mostrando que puede incendiar todo el globo.
Para resumir, sé que muchos
se preguntaran si solo se trata del conflicto palestino-israelí o árabe-israelí
o por el contrario, si el ataque a Israel es la causa o la excusa para que
muchos árabes y musulmanes de diferentes latitudes puedan llevar más
cómodamente adelante su Yihad real, amén de las Yihad llamadas electrónicas y
mediáticas, que buscan no solo hacer desaparecer el molesto (para ellos Estado
judío) y poder conquistar el «reino de los cristianos» y poder
instalar el ansiado «Califato Mundial».
Pero lo cierto es que, bajando
del plano mundial a un plano más cercano, el antisemitismo ha perdido la
vergüenza, y hoy por hoy, sean personas o gobernantes, renuncian
placenteramente a cualquier diplomacia o cortesía para ingresar de lleno en el
terreno de un antisionismo-antisemitismo explícito, rabioso, furioso, y
asesino.
D’os nos de su
protección.
Antisemitismo rabioso y mundial
27/Nov/2014
Aurora, Dr. Natalio Daitch. Buenos Aires, Argentina